PUERTOS CANARIOS

 

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Más de tres kilómetros de playa permiten observar con todo detenimiento las aguas que abrazan a Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad que mantiene una relación muy especial con el mar. De hecho, la gran urbe del archipiélago canario recuerda, en su silueta, a un colosal animal marino y su carácter, historia, cultura y naturaleza están estrechamente ligados a navegantes, piratas, deportes náuticos y vida marina.

Las Palmas de Gran Canaria goza de una enorme diversidad de escenarios para la práctica del buceo. Concretamente, la Playa de Las Canteras ofrece unas vistas privilegiadas de un espectacular océano que, en una de las mejores playas urbanas del país, invita a conocer y disfrutar bajo el agua de una fauna y una flora extraordinaria. Una riqueza amparada por una protección natural, La Barra, una formación rocosa que acompaña en paralelo prácticamente toda la playa protegiéndola de las mareas, las tormentas y la erosión.

Ante esta joya que ofrece la Naturaleza, la práctica del buceo y del snorkel se convierten en unas de las actividades más atractivas para realizar en Las Palmas de Gran Canaria. Impresionantes paisajes volcánicos submarinos a los que se añade la rica biodiversidad de sus aguas hacen de Las Canteras y de La Isleta lugares perfectos para deleitarse con estas dos modalidades de deportes acuáticos. Quienes se sumergen en sus aguas tienen la sensación de encontrarse en un gigantesco acuario natural donde la variedad de colores de peces y plantas convierten estos fondos marinos en todo un arco iris. También destacan Puerto de la Luz y Las Palmas y Playa de Boca Barranco.

Unas aguas en las que submarinistas y practicantes de snorkel pueden hacerse acompañar por sargos, meros o el lugareño Pez Loro, sin olvidar las delicadas estrellas de mar, los pulpos o los camarones. Por su parte, en la costa de La Isleta (una pequeña península adosada a la capital grancanaria), el espectáculo se transforma por la presencia de una masa de roca volcánica de formas retorcidas, casi góticas -de ahí el nombre de La Catedral a este conjunto–, plagada de cuevas, bóvedas, arcos y diques casi verticales. Un edificio submarino que cuenta con una profundidad de 40 metros.